Te invito a leer un extracto del Capítulo 11 del método ¡Stop a la Ansiedad!
Capítulo 11. ¿Hacia dónde miras?
¿Te has fijado que es imposible llorar si miras hacia arriba? ¿Te has fijado alguna vez en que las personas deprimidas miran hacia abajo? Nuestros ojos son un reflejo del tipo de pensamientos que hacemos. Para encontrar un pensamiento determinado, nuestro cerebro lo busca espacialmente.
Si haces que un niño que esté llorando mire hacia arriba, inmediatamente dejará de llorar. Neurológicamente no es posible llorar mirando hacia arriba. Al cabo de un rato volverá a mirar hacia abajo y volverá a llorar, pero no le será posible hacerlo mientras su vista esté por encima de la horizontal de sus ojos.
Es mucho más fácil recordar algo si miramos hacia arriba a la izquierda (en las personas diestras, las zurdas lo suelen hacer al revés). Lo hacemos de forma instintiva. Cuando una persona piensa en una imagen del pasado generalmente mira hacia arriba, porque su cerebro sólo tiene acceso a ese tipo de información si sus ojos se dirigen hacia un punto arriba a la izquierda.
Nuestro cuerpo emite pequeños signos que están cargados de significado, puesto que representan respuestas automáticas de nuestro sistema nervioso. Cada persona posee miles de signos diferentes, codificados de manera distinta. Todos somos diferentes unos de otros, pero también somos muy iguales.
Cuando se le pregunta a cualquier persona cuál es el ingrediente esencial de una buena comunicación casi todos contestan que el contacto ocular. Cuando no miramos a los ojos a nuestro interlocutor, miramos a la boca o a la barbilla o desviamos la mirada al horizonte o a cualquier objeto exterior, todos tenemos la sensación de que la comunicación está rota, de que no avanza, es como si existiera una barrera, un impedimento imposible de romper.
Imagina que tu cerebro es un ordenador y que tus ojos son los responsables de archivar los datos, el bibliotecario. Cuando haces a tu cerebro una pregunta o necesitas encontrar un dato, tu cerebro inicia una búsqueda. Tus ojos se moverán en distintas direcciones dependiendo del tipo de búsqueda que inicien. Esa búsqueda es lo que podríamos llamar el proceso del pensamiento.
Cuando buscas cualquier información (¿cómo se titulaba aquella película que viste hace diez años?, ¿cómo será la playa a la que iremos de vacaciones?...) tu cerebro se pone a trabajar, pero necesita unas llaves que le permitan acceder a los distintos sistemas de archivo. Hay distintos puntos a los que mira nuestro cerebro a través de los ojos para encontrar el acceso a determinados tipos de pensamiento.
Para estar deprimido hay que mirar a un punto determinado. Para estar contento hay que mirar a otro. Para recordar una sensación, una película o pensar a dónde iremos a cenar esta noche hay distintos puntos a los que miramos. Todos somos distintos, pero empleamos sistemas parecidos. El niño llorón de nuestro ejemplo anterior volverá a llorar si vuelve a encontrar el pensamiento que le hace llorar, y ese pensamiento sólo podrá encontrarlo si vuelve a situar sus ojos en el punto en el que tiene guardada la información desagradable. Ese punto suele estar abajo. Las personas con depresión miran también a algún punto hacia abajo.