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¿Qué ha pasado? Lo más probable es que inmediatamente, en cuanto tus ojos salen de esa puerta de acceso a la ansiedad, la ansiedad se diluya o desaparezca. Observa cómo al cambiar la dirección de tus ojos, las sensaciones cambian. ¿Es posible sentirte con ansiedad mirando hacia arriba? Es bastante difícil.

Durante el día, quizás haya algunos momentos en los que te dedicas a pensar en lo que te ocurre. Es durante esos momentos en los que te dedicas a incubar el proceso de ansiedad. Y para hacerlo, miras hacia el punto fatídico, hacia la puerta de acceso a la ansiedad. Puede ocurrir que te sientes a mirar la TV y al cabo de un rato te encuentres mirando hacia el suelo, con la vista perdida y desenfocada, y metido hasta adentro en la ansiedad. Quizás te quedas mirando un enchufe o una mancha en la pared, con la vista desenfocada.

No es necesario que te diga que tienes que evitar esos momentos y esas situaciones. Cuando notes que comienzas a sentirte mal, cambia el sitio hacia el que estás mirando, mira de la horizontal de tus ojos hacia arriba, y la sensación desaparecerá.

Algunas personas con ansiedad cuando piensan miran siempre hacia su derecha (o hacia su izquierda) y les resulta muy difícil mirar hacia el otro lado. Es como si les costase mirar hacia el otro lado. Estos puntos neurológicos son anclajes negativos. Cuanto más mires hacia ellos, más difícil será salir de la ansiedad. Es muy importante que rompas esos anclajes.


Te invito a leer un extracto del Capítulo 11 del método ¡Stop a la Ansiedad!


Capítulo 11. ¿Hacia dónde miras?

¿Te has fijado que es imposible llorar si miras hacia arriba? ¿Te has fijado alguna vez en que las personas deprimidas miran hacia abajo? Nuestros ojos son un reflejo del tipo de pensamientos que hacemos. Para encontrar un pensamiento determinado, nuestro cerebro lo busca espacialmente.

Si haces que un niño que esté llorando mire hacia arriba, inmediatamente dejará de llorar. Neurológicamente no es posible llorar mirando hacia arriba. Al cabo de un rato volverá a mirar hacia abajo y volverá a llorar, pero no le será posible hacerlo mientras su vista esté por encima de la horizontal de sus ojos.

Es mucho más fácil recordar algo si miramos hacia arriba a la izquierda (en las personas diestras, las zurdas lo suelen hacer al revés). Lo hacemos de forma instintiva. Cuando una persona piensa en una imagen del pasado generalmente mira hacia arriba, porque su cerebro sólo tiene acceso a ese tipo de información si sus ojos se dirigen hacia un punto arriba a la izquierda.

Nuestro cuerpo emite pequeños signos que están cargados de significado, puesto que representan respuestas automáticas de nuestro sistema nervioso. Cada persona posee miles de signos diferentes, codificados de manera distinta. Todos somos diferentes unos de otros, pero también somos muy iguales.

Cuando se le pregunta a cualquier persona cuál es el ingrediente esencial de una buena comunicación casi todos contestan que el contacto ocular. Cuando no miramos a los ojos a nuestro interlocutor, miramos a la boca o a la barbilla o desviamos la mirada al horizonte o a cualquier objeto exterior, todos tenemos la sensación de que la comunicación está rota, de que no avanza, es como si existiera una barrera, un impedimento imposible de romper.

Imagina que tu cerebro es un ordenador y que tus ojos son los responsables de archivar los datos, el bibliotecario. Cuando haces a tu cerebro una pregunta o necesitas encontrar un dato, tu cerebro inicia una búsqueda. Tus ojos se moverán en distintas direcciones dependiendo del tipo de búsqueda que inicien. Esa búsqueda es lo que podríamos llamar el proceso del pensamiento.

Cuando buscas cualquier información (¿cómo se titulaba aquella película que viste hace diez años?, ¿cómo será la playa a la que iremos de vacaciones?...) tu cerebro se pone a trabajar, pero necesita unas llaves que le permitan acceder a los distintos sistemas de archivo. Hay distintos puntos a los que mira nuestro cerebro a través de los ojos para encontrar el acceso a determinados tipos de pensamiento.

Para estar deprimido hay que mirar a un punto determinado. Para estar contento hay que mirar a otro. Para recordar una sensación, una película o pensar a dónde iremos a cenar esta noche hay distintos puntos a los que miramos. Todos somos distintos, pero empleamos sistemas parecidos. El niño llorón de nuestro ejemplo anterior volverá a llorar si vuelve a encontrar el pensamiento que le hace llorar, y ese pensamiento sólo podrá encontrarlo si vuelve a situar sus ojos en el punto en el que tiene guardada la información desagradable. Ese punto suele estar abajo. Las personas con depresión miran también a algún punto hacia abajo.
Puerta de acceso a la depresión. Mirada hacia abajo
Fíjate a dónde miras cuando tienes ansiedad. Cuando empiezas a pensar en lo que te ocurre, ¿hacia dónde se dirigen tus ojos? Lo más probable es que se centren en un punto delante de ti, hacia abajo, un poco hacia la derecha o izquierda, que desenfoques la vista y comiences a pensar ensimismado en lo que te ocurre.
Puerta de acceso a la ansiedad: vista desenfocada
mirando a un punto abajo a la derecha o a la izquierda
Si no eres capaz de darte cuenta de esto, pregúntale a algún familiar o a algún amigo. Ellos te confirmarán que últimamente te quedas abstraído mirando hacia un punto delante de ti. ¿Para qué hace esto tu cerebro? La única forma que tiene tu cerebro de acceder a los estados de ansiedad es a través de ese punto neurológico, lo que yo llamo la puerta de acceso a la ansiedad. Es posible que te mantengas mirando a ese punto durante horas o que sólo mires durante algunos segundos. Pero es importante que te des cuenta de que únicamente puedes acceder a la ansiedad mirando a ese punto.

Haz una prueba. Piensa en algo que te produce ansiedad (sólo lo conseguirás mirando hacia ese punto) y cuando empieces a sentirla, mira hacia arriba a la izquierda.
Mirando hacia arriba
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